Jánovas

Pequeño pueblo de la comarca oscense del Sobrarbe, en el alto Aragón, en la margen derecha del río Ara, vió como sus vecinos tuvieron que desprenderse de sus vivencias y de sus raíces, víctimas de la sinrazón, el abandono, por la construcción de un pantano.

Ya en el año 1917, surgió la idea de la construcción de un embalse, en el cauce del Ara. Durante varias décadas la idea quedó arrinconada…y allá por los años 60, volvió a retomarse la idea, aunque ésta vez si se llevaron a cabo actuaciones.

En 1.961 la sociedad concesionaria Iberduero, S.A. solicitó a la Comisaría de Aguas del Ebro la expropiación forzosa de los bienes necesarios para la ejecución del proyecto, se expropiaron terrenos y pueblos enteros.

Ante la negativa de algunos de ellos a marcharse, la empresa empezó a dinamitar las casas vacías sin tomar ninguna medida de seguridad para proteger la integridad de las personas que aún residían en los pueblos, incluidos niños.

En 1985, expulsaron a la última familia que vivía en la zona, al cortarles el agua y la luz.

Iba a ser un enorme pantano para producir electricidad, pero el Estado obligó a la empresa, anteriormente Iberduero, hoy en día Iberdrola, a destinar parte del agua a los regadíos de la comarca de Monegros.

Esta decisión no gustó mucho ya que reducía sus expectativas de beneficios. Sin embargo, finalmente fue aceptada.
Pero la empresa, nunca construyó el Pantano, en cambio los pueblos seguían abandonados.

En el año 2008, el ministerio de Medio Ambiente anunció que las tierras y casas expropiadas en Jánovas, así como en los pueblos vecinos, serían devueltas a sus antiguos propietarios, eso sí tras devolver ellos las indemnizaciones recibidas incrementadas unas treinta veces.

Nosotros estuvimos hace unos años en Jánovas, y aunque estábamos muchos viendo el pueblo abandonado, en la primera casa del pueblo estaban unos antiguos vecinos que fueron a pasar el día, y se reunían en el pueblo muy asiduamente.
El proyecto de embalse, destrozó la vida de sus habitantes, ya que tuvieron que marcharse de su pueblo, abandonar su vida, y las indemnizaciones que cobraron fueron ridículas.